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A los 6 años jugaba con un mecano y dibujaba puentes para unir Tánger con España.
A los 7 jugaba (y ganaba) al ajedrez con adultos.
A los 9 empecé a escribir y dibujar con regularidad, con 11 a modelar en arcilla, con 12 a hacer fotos.
A los 14 aprendí a jugar al Mus y al billar.
A los 18 me fui a correr mundo.
A los 28 a diseñar y construir casas y a los 53 empecé a pintar.

Tres actividades he abandonado: el billar, jugar ajedrez en tablero y construir casas.

Las otras las sigo cultivando con deleite y asiduidad.

Isa Malumbres

- Y tú, ¿que quieres ser de mayor?
- Yo voy a tener una fábrica de lekes.
- ¿Que son lekes?
- Pues eso, lekes.
- ¿Y para que sirven los lekes?
- Pues los lekes sirven para todo... con los lekes puedes hacer puentes y aviones y casas y libros y dibujos y buscar tesoros y jugar...


Me entregó mi madre hace unos años un papel con esa y otras frases de mi tierna infancia:

Isa Malumbres

“Mamá, mamá, dame de esas porquerías tan ricas que me gustan tanto”
“Estoy contenta contenta pero un poco triste”
“La luna es bonita bonita pero un poco fea”
“Isa, ¿quién ha llamado a la puerta?” – “Son los imbecinos, mamá!”

De lo que deduzco que lekes era mi palabra para concepto, que sabía lo que me gustaba y lo pedía aunque fuera tabú, que el sentido de la relatividad de las cosas era inherente en mi y que no me gustaban los vecinos.

Ahora que ya soy mayor, juego en mi Fábrica de Lekes, sigue sin gustarme tener vecinos, todo sigue siendo relativo, leo diccionarios y disfruto con las pequeñas grandes cosas que hacen agradable la vida.

El arte proviene de las emociones filtradas por la razón. O viceversa.

Mis obras son fruto de una introspección automática, un puente entre mi mundo y el mundo que me rodea, son pensamientos, palabras, miradas, sentimientos, convertidos en formas, en colores.

Mis cerámicas son además una experiencia tanto visual como táctil.

La mayoría de mis trabajos son maquetas.